Educa sin gritos, sin castigos y sin perder la autoridad. Este curso de disciplina positiva para padres te da herramientas prácticas para poner límites con calma y recuperar la tranquilidad en casa, a tu ritmo.
Modalidad
Online
Duración
4 semanas
Acceso
De por vida
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197€
Si sientes que gritas más de lo que te gustaría, o que los límites en casa acaban siempre en tensión, no es porque seas mal padre o mala madre. Es porque nadie te enseñó a poner límites sin pelear.
Este curso de disciplina positiva para padres te da justo eso: un método claro, paso a paso, para educar sin castigar y conseguir que la disciplina deje de ser un enfrentamiento y se convierta en cooperación.
Cuatro semanas ordenadas: primero entiendes el porqué y después lo llevas a la práctica.
Lo que funciona con un niño de 3 años no sirve con uno de 9. El curso te da recursos para cada etapa.
Contenido breve que avanzas cuando puedes, con acceso de por vida para volver siempre que lo necesites.
Al terminar las cuatro semanas del curso de disciplina positiva para padres vas a saber:
Mira el temario completo del curso
Ni permisiva ni autoritaria: firme y respetuosa a la vez.
La disciplina positiva para padres es un enfoque de crianza basado en el respeto mutuo: ni permisivo, ni autoritario. Se apoya en poner límites firmes con calidez, en vez de recurrir a gritos, castigos o amenazas. El objetivo no es que tu hijo obedezca por miedo, sino que aprenda a cooperar porque entiende el porqué de las reglas.
La duda más común es si esto significa «dejarlo hacer lo que quiera». No. La disciplina positiva no es ausencia de límites: es firmeza con respeto, no permisividad.
Tampoco es una moda. La Academia Americana de Pediatría recomienda prácticas de disciplina positiva que enseñen a los niños a controlar su comportamiento y a reforzar la buena conducta en lugar de castigar la mala, y advierte de que gritar y avergonzar a los niños no funciona y les hace daño.
Si te preguntas en qué se diferencia de la crianza respetuosa: la crianza respetuosa es el marco general, y la disciplina positiva es uno de sus métodos concretos, centrado en cómo poner límites sin castigar. Y si lo que hoy más te pesa son los gritos, en el blog tenemos una guía sobre cómo educar sin gritar para empezar esta misma semana.
Cuatro semanas, una por bloque, para que pases de entender el método de disciplina positiva para padres a aplicarlo en tu día a día con tu hijo.
El contenido del curso puede actualizarse para incluir nuevas estrategias y enfoques.
Es un enfoque de crianza basado en el respeto mutuo: ni permisivo ni autoritario. Se trata de poner límites firmes con calidez, sin gritos ni castigos.
Sí. Educar sin castigar no significa educar sin límites: significa sustituir el castigo por consecuencias lógicas, acuerdos claros y firmeza con calma. El curso te enseña a hacerlo paso a paso, con ejemplos para cada edad.
No. La disciplina positiva no es ausencia de límites: es firmeza con respeto, justo lo contrario de dejar que tu hijo haga lo que quiera.
No es tarde. El curso incluye herramientas específicas para el tramo de más de 10 años, porque a esa edad los límites se renegocian de otra forma.
Es una de las situaciones más habituales y el curso la trata de forma específica. No hace falta que los dos estéis de acuerdo desde el primer día: cuando uno cambia su manera de poner límites, el ambiente en casa ya empieza a cambiar.
El curso está pensado para que avances a tu ritmo, sin horarios fijos. Cada semana tiene contenido breve y aplicable, pensado para padres con poco tiempo.
Sí. Tienes acceso de por vida al contenido y puedes avanzar cuando quieras, sin fechas límite. Si una semana no puedes, la retomas cuando te venga bien.
La crianza respetuosa es el marco general; la disciplina positiva es uno de sus métodos concretos, centrado en cómo poner límites sin castigar.
¿Tienes otra duda? Escríbenos y te respondemos en menos de 24 h.
El castigo y el grito tienen algo a su favor: funcionan rápido. El problema es lo que tu hijo aprende en ese momento: no aprende por qué la regla importa, aprende a no hacerlo delante de ti. Y cada vez hace falta un castigo mayor para conseguir el mismo efecto. La disciplina positiva para padres cambia la pregunta: en lugar de «¿cómo consigo que me obedezca?», te preguntas «¿qué necesita aprender mi hijo aquí y cómo se lo enseño sin romper el vínculo?».
El castigo busca que pague por lo que ha hecho. La consecuencia lógica, anunciada antes y cumplida sin enfado, le enseña qué pasa cuando no respeta un acuerdo, y no genera resentimiento.
Puedes reconocer lo que siente tu hijo sin cambiar la regla: «Entiendo que te enfade, pero se ha acabado el tiempo de la tablet». El límite se mantiene y él se siente escuchado.
Alguna vez perderás la calma. Pedir perdón y reconectar después le enseña a tu hijo a responsabilizarse de sus errores, y no te quita autoridad.
Este curso de disciplina positiva para padres es para ti si eres padre o madre de un niño de entre 0 y 10 años (o algo mayor) y sientes que los límites en casa se están convirtiendo en un campo de batalla.
Este curso no sustituye a una terapia. Si en casa hay violencia física, o si sientes que la situación te supera más allá de los límites del día a día, el siguiente paso es acudir a un profesional de la salud mental, y te lo diremos así de claro si nos escribes.
Si tu hijo ya tiene 12 años o más, el curso que te conviene es el de crianza respetuosa para adolescentes. Y si lo que más te pesa es tu propio enfado, echa un vistazo al curso de control de la ira para padres.
La teoría se entiende rápido. Lo difícil es aplicarla a las siete de la mañana, con el desayuno a medio hacer y tu hijo sin zapatos. Por eso el curso de disciplina positiva para padres trabaja con las situaciones que más se repiten en casa:
En lugar de repetir diez veces «¡venga, que llegamos tarde!», preparas con tu hijo una rutina visual la noche anterior. Por la mañana no hace falta dar órdenes: basta con preguntar «¿qué toca ahora en tu lista?». La responsabilidad pasa a ser suya, y tú dejas de ser el reloj de la casa.
El límite no se negocia en el momento de apagar la tablet: se acuerda antes. Avisas cinco minutos antes, cumples lo que has dicho aunque haya protestas y validas el enfado sin cambiar la norma.
La pelea de los deberes casi nunca va de la tarea: va de quién manda. Acordáis juntos un horario y un sitio fijos, y tu papel pasa a ser el de alguien que ayuda si se lo piden. Si no los hace, la consecuencia la pone el colegio, no tú.
No hace falta hacer de juez en cada pelea. Los separas si hay riesgo, describes lo que ves sin buscar culpables («veo a dos niños enfadados y un solo cochecito») y les devuelves el problema: «¿cómo podéis resolverlo?».
Va a pasar. La disciplina positiva no evita todas las rabietas, pero cambia lo que haces durante ellas: primero acompañas hasta que se calme, sin sermones ni castigos, y solo después habláis de lo que ha pasado. Un niño desbordado no puede escuchar; uno tranquilo, sí.
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